Moda Letizia

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Monday, January 28, 2008

¿Con qué peinado quedo?



Me siento muy confusa con mi pelo. soy la mujer dudas. ¿Con qué peinado quedo? El peluquero Hernán me dejó la melena demasiado cortita. Todas las mañanas me levanto con los pelos de punta.

-¿A dónde vas, Leta? -me pregunta mi Felipín cuando me ve saltar de la cama desesperada.
-Voy a peinarme.
-Pensé que ibas a la Bolsa. ¿Sabes que las inversiones de Su Majestad están dando pérdidas?

Mis pies se clavan en el suelo. Empiezo a tiritar a causa de los nervios. ¿Somos pobres? No sé por qué extraño mecanismo mental mi cabeza se ve asaltada por el recuerdo del crac del 29. Hace casi un siglo, los inversores se tiraban por la ventana al despertar de la alegría de los años veinte y encontrarse con sus fortunas fundidas en Wall Street.

-¿Qué va a hacer Su Majestad? -le pregunté a mi Felipín.
-Rezar.
-¿Tan mal van sus inversiones?
-Creo que sí, Leta. Gracias a Dios, los españoles siguen pagando impuestos.
-Voy a llamar al peluquero, Felipe. Mientras la crisis económica no vaya a más puedo seguir cambiando de look.

Mi gozo en un pozo. En mi despacho estaba el nuevo contable. Es un subcontratado que se llama Carlos, poco hablador y tan tacaño como todos los hombres de cuentas que he conocido.

-Hay que reducir gastos, Alteza. Vamos a empezar por los gastos de peluquería.
-Espere a que me corten otra vez el pelo, por favor.

Carlos dice que no se puede esperar. El Ibex anda loco y Wal Street va al carajo.

-¿Cómo dice, Carlos? ¿Acabo de oír un taco?
-Si quiere se lo digo en gallego: Wall Street vai ó carallo.

Me santiguo. ¿A dónde hemos llegado? Antes contratábamos a los mejores economistas del país y ahora nos tenemos que contentar con este hombrecillo que dice tacos.

-Carlos es muy guapo, mi Princesa -opina mi doncella cuando le cuento el precario vocabulario del individiuo-. Es un hombre con pasta.
-¡No me digas, Maripuri!
-Sí, mi Princesa. Es el dueño de la empresa de contabilidad y marketing que lleva el pepeleo de La Zarzuela.
-Pues parece un albañil sin fuerza.

Mi doncella me cuenta que Carlos es uno de los principales clientes de la tienda Loewe en La Coruña.

-Él vive en Vigo, pero viene a La Coruña de compras.
-Estamos en Madrid, Maripuri. ¿Cómo dices viene? Querrás decir va.
-Mi cabeza es como la cabeza de Dios, mi Princesa. Está en todos los sitios y en ninguno.

Me fijo en la larga melena de Maripuri. ¿Cómo me quedaría a mí una melena hasta la cintura? Espero que bien porque, si el contable no paga las facturas del peluquero, el pelo me va a llegar al trasero.

Wednesday, January 23, 2008

Mi Felipín con la crisis de los cuarenta



Mi Felipín está viviendo más mal que bien la crisis de los cuarenta. Lo encuentro más pensativo que de costumbre. Yo le preguntó en qué piensa y él calla.

-Tienes que decirle lo que piensas a tu mujer, Felipe -insisto-. Somos un matrimonio y debemos confesarnos mutuamente.
-Mis pecados siempre se los conté al arzobispo de Madrid, Leta.
-¿Me eres infiel?
-Me refería a otro tipo de pecados.

Respiré aliviada. Mi Felipín aún no me ha puesto los cuernos. Soy una esposa afortunada.

-¿No vas a contarme esos pecados, Felipe? -le pregunto-. Yo guardo los secretos de confesión mejor que monseñor Rouco.
-Jurame que no se lo vas a contar a Sus Majestades, Leta.

Se lo prometí porque jurar es una cosa antigua. ¿Quién jura? Nadie. Hasta los ministros y el presidente del Gobierno prometen sus cargos. Mi Felipín me dijo muy serio:

-Deseé que Rajoy no ganará las elecciones pasadas y se cumplió.
-Ése no es ningún pecado, Felipe. Media España deseó lo mismo.
-Ahí está el problema, Leta. No me siento el príncipe de los votantes del PP y Su Majestad quiere que sea el Príncipe de todos nuestros súbditos.

Mi Felipín se complica mucho la vida con sus filosofías de andar por casa. A mí no me importa a quien vote o deje de votar el subditaje, mientras pague impuestos. Aquí, en este Palacio, no vivimos del aire.

-¿Sabes lo que costó la sesión fotográfica, Felipe? -le pregunté.
-Creo que fue gratis.
-¿Gratis? De gratis nada, cariño. El fotógrafo de la agencia Efe lo pagaron nuestros súbditos. En consecuencia, amor mío, debes sentirte el Príncipe de los pagadores de impuestos.
-Mi otro pecado es no querer más hijos, Leta. Este deseo mío incumple la doctrina de la Iglesia Católica.
_¿Qué mandamiento, Felipe? ¿Era el segundo el que decía "creced y multiplicaros"?
-No, Leta. Los mandamientos no contemplan el acto sexual abierto a la vida.
-Pues entonces no es pecado.
-Creo que sí, Leta -insiste mi Felipín-. El papa Ratzinger nos obliga a tener hijos.
-A mí no me obliga ni Dios -exploto-. ¿Sabes que te digo, Felipe? Sigue confesándote con Rouco.
-Espera, Leta. Voy a contarte mi tercer pecado.

Salí al jardín. Un tercer pecado me mataba.

-Mami -me dijo mi Leonor-, hoy hice una cosa mala.
-¿Tú también tienes pecados, mi Heredera? Pues sí que empiezas pronto, hija. Yo hasta después de la primera comunión no pequé. Era más inocente que la Virgen María.
-Rompí sin querer el reloj que le regalaste a papá. Fue sin querer, mami, de veras. Lo tiré sobre la alfombra del salón para demostrarle a Sofía que los relojes buenos no rompen, pero rompió.

No me extraña. Era un reloj más falso que Judas. Se lo compré a unos negros que vendían todo tipo de falsificaciones. Abracé a mi niña Leonor para consolarla. Yo también soy una pecadora.

Monday, January 21, 2008

Nervios por la precampaña electoral



En La Zarzuela estamos viviendo la precampaña electoral con muchos nervios. Su Majestad es el que peor lo lleva.

-¡Ay, Sofi, que llega la derecha! ¿Qué va a ser de nosotros? -le pregunta a doña Sofía una y otra vez.

Doña Sofía sonríe porque tiene por costumbre mostrar su mejor cara a los malos tiempos.

-¿Sabes que Pizarro me acaba de llamar por teléfono? Quería decirme que va a ser el próximo ministro de Economía. Ése nos reduce la paga, Sofi. En vez de darnos ocho millones de euros nos dará ocho millones de pesetas.
-¿Ocho millones de pesetas, Majestad? ¿Sólo? -me alarmo- ¿Y cómo vamos a vivir? ¿Qué comerán mis Infantitas?
-Estáis exagerando -nos dice doña Sofía-. El señor Pizarro es un buen cristiano. Cuando era presidente de Endesa, daba muchos donativos para los pobres.

Mi cabeza da vueltas. Ya no sé si vivo en mi apartamento de Vicálvaro o en un Palacio. ¿Me he casado con un Príncipe? Empiezo a dudarlo.

-Maripuri, ¿verdad que soy la Princesa de Asturias? -le pregunto a mi doncella.

Maripuri me mira con estupor. Le explico que Pizarro va a ser ministro de Economía.

-Eso lo tiene que decir España, mi Princesa. De momento, el señor Pizarro es un militante del Partido Popular con sitio en las listas. Suerte la suya. Gallardón fue menos afortunado.
-¿Es pobre Gallardón?
-¿Pobre? Ya le gustaría a Paulino Cubero estar trabajando de alcalde de Madrid. Paulino está sin empleo, mi Princesa. Fue una pena que no aceptaran su letra para el himno. Los derechos de autor le iban a calmar la vida a un español humilde.

Mi Felipín también piensa en la pobreza. Está tan asustado como Su Majestad ante la posible llegada de Mariano Rajoy a La Moncloa.

-Es peor que los nacionalistas, Leta. A mí siempre me habla en gallego para que no lo entienda.
-Bueno, amor, Aznar os hablaba en catalán en la intimidad y no os quejabais. Doña Sofía me contó que nunca se le negó el saludo en La Zarzuela al marido de Ana Botella.
-Dicen que Ana va a ser alcaldesa de Madrid. Gallardón deja la política el 9 de marzo.
-Peor sería que dejara a su esposa. ¿Imaginas que se liara con Carla Bruni? No lo quiero pensar. Sarkozy sería capaz de declararnos la guerra.

Mi Felipín calla y sufre. Es un buen heredero. Frunce el entrecejo cuando piensa en nuestro país y eleva las cejas marcando profundos surcos en la frente cuando acaba de pensar.

-Voy a llamar al INEM.
-¿Para qué, Felipe? -le pregunto asustada.
-Quiero preguntarles a los del INEM si fue por allí Gallardón pidiendo un empleo para después de las elecciones.

Los de la oficina de empleo le contestaron que el único parado famoso que estaba inscrito era Paulino Cubero. Cruzo los dedos por el poeta del himno y por mi Felipín. No quiera Dios que sea mi Príncipe el que acabe pidiendo trabajo ante la ventanilla de un funcionario que en vez de llamarle Alteza lo tutee sin el debido respeto.

Wednesday, January 16, 2008

¿Un regalo para Sarkozy?



Sarkozy y Carla Bruni nos enviaron una petición de regalo por boda del Jefe de Estado de la República Francesa. Pueden esperar sentados en el salón de los espejos del palacio de Versalles. Desde La Zarzuela no les daremos ni la enhorabuena, por mucho que la niñera Rafaela se empeñe en mandarles los chupetes de mi niña Sofía.

-Mira como le salen los dientes a la ciudadana infanta Sofía. Parece la hija de Drácula. Hay que deschupetar a la niña.
-Sin chupete no duerme.
-Tonterías. Yo estos chupetes se los voy a regalar a Carla Bruni. Va a tener un bebé y los necesita.
-Ni se te ocurra, Rafaela. Los chupetes los pagué con los impuestos de mis súbditos.

Le pregunté a mi doncella si el chupete influía en la dentadura de Sofía.

-Según el tarot, la infanta Sofía va a tener una pronunciadísima barbilla, mi Princesa. El chupete no influye en el desarrollo de los huesos faciales, es el destino quien los determina.
-¿Y en los dientes, Maripuri? ¿Perjudica los dientes el chupete?
-Tampoco.
-Son los celos, mami -nos interrumpe Leonor -.Mi hermana tendrá dientes de conejo porque me envidia.
-¡Niña! ¿Qué disparates dices?

Mi Infantita señala el televisor. En la pantalla salen los políticos crispándose.

-Ellos también se tienen envidia, mami.

Por la noche hablé muy seriamente con mi Felipín.

-Leonor nos sale política, Felipe. Tiene a Zapatero y a Rajoy como modelos a seguir.
-También sigue el ejemplo de tu doncella, Leta. Es lo que más me preocupa.
-¿Tiene poderes? ¡Qué ilusión!
-No me refiero a la lectura del tarot.

Mi Felipín me cuenta que nuestra Leonor escribe artículos con mucha política en el argumento.

-Tu doncella tiene la mala costumbre de enseñarle a la Heredera todas las cartas al director que le publican. Quiere que aprenda a escribir los discursos. Leonor está perdiendo la infancia, Leta. Es una pena.
-La niñera Rafaela no me ha informado de la tendencia literaria de nuestra Heredera.
-¿Qué va a decir Rafaela? Esa mujer está enamorada de Sarkozy. Me comentó que quería hacer un trio con Nicolás y Carla para celebrar el aniversario de la Guerra de la Independencia. ¿Te parece normal?
-Nosotros no somos normales, Felipe. Somos progres. El servicio también.
-Tu doncella no es progre. Leí su participación el el debate de "el mundo" y me pareció pedrojotiana. Por cierto, no me gusta que firme sus artículos gratuitos como si fuera de la Familia Real.

Deje hablar a mi Felipín como quien le permite a Dios que nos tire lluvia. Abrí "el mundo" del domingo por la segunda página y escribí sobre el nombre de mi doncella ¡viva Maripuri! El talento no es de los progres ni de los fachas. El talento literario es el látigo que Dios les regala a los pobres para que se autoflagelen hasta arrancar del dolor poesía.

Friday, January 11, 2008

Fiesta en El Pardo



El fiestón de Su Majestad fue un éxito. No faltó nadie de la España política. Hasta Ibarretxe, ése que quiere arrancarle un trozo a la Patria por el norte, vino a inclinar la cabeza ante el Rey de España.

-Después de octubre, no cuenten conmigo para más fiestas, Altezas -nos dijo nada más empezar a cenar-. Euskadi será una nación.
-¿Con rey, señor Ibarretxe? -le pregunté.
-Si las vascas y los vascos quieren un rey, lo tendrán.

Aquella era mi oportunidad. Respiré hondo y me propuse como Reina del País Vasco. Mi Felipín me daba codazos para que me callara, pero a mí no me callaba ni Dios.
-Tengo que consultar con el señor Arzallus esta posibilidad, Señora.

Pensé que Arzallus no mandaba nada en el PNV, que estaba retirado de la política. Debe ser que los políticos no se jubilan nunca.

Aznar tampoco está jubilado de la cosa política. En la fiesta se sentó en la mesa de los Reyes, luciendo una melenita peor que la mía.

-¿No crees que Aznar debería cortarse el pelo? -le pregunté a mi Felipín-. Voy a decirle que afeite la cabeza.
-Quieta, Leta. Calmate. Hoy estás hiperactiva.
-Parece que tiene piojos. ¡Por Dios! A lo que ha llegado ese hombre. Hay que decirle que lave la cabeza.

Mi Felipín dijo que con Aznar ya hablaba Su Majestad.

-No me desconcentres, Leta. Tengo que leer un discurso en los postres.
-¿Vas a pedirle a Su Majestad que abdique?
-Tranquila, Leta. Todo a su debido tiempo.

No le pidió la Corona. ¿Para qué creerá este marido mío que me he casado con él?... Como me descuide un poco, nos divorciamos antes de llegar a ser Reyes de España. Mira Marichalar. Pobre. No lo invitaron a la fiesta de cumpleaños del abuelo de sus hijos.

-¿Podemos contratarlo de camarero, mi Princesa? -me preguntó mi doncella antes de la cena-. Don Jaime sabe mucho de protocolo y eso viene bien para colocar a los invitados.
-Me temo que no, Maripuri. Elena anda de uñas con su ex. Si lo ve de camarero en El Pardo, adiós vajilla.

Un poco antes de los postres, mi Felipín se agarró a mi brazo.

-¡Ay, Leta! Acabo de ver a Franco -me susurró-. ¿Sabes quién era Franco?
-¿Cómo no lo voy a saber? Mis abuelos me hablaron mucho de su dictadura.
-Mira, Leta. ¡Allí está!

Miré hacía donde señalaba mi Felipín y descubrí a Fraga.

-Es el último ministro de Franco en activo, amor -le dije.

Me acerqué a él porque una debe ser amable con la cuarta edad.

-¿A dónde va, don Manuel?
-Necesito descansar, Alteza. Estoy buscando la habitación del caudillo para echar una siesta antes de regresar a mi casa.

Iba a decirle que fuera a dormir a otro lado, pero callé. Mi Felipín iniciaba su discurso. ¿Se atrevería a pedir el trono? No se atrevió. Se abrazó a Su Majestad como un niño sin destetar se abrazaría a sus padres, y se olvidó de que yo, su esposa, quiero ser Reina lo antes posible.

-Papá seguirá siendo Rey veinte años por lo menos -comentó mi cuñada Cristina.
-Sí, hermana -asintió Elena-. Hay patrón para rato.

¿Y Princesa? ¿Aguantaré yo veinte años sin reinar? Creo que no. Veinte años son una eternidad.

Monday, January 07, 2008

Cuatro Reyes en la cabalgata



Su Majestad cumplió setenta años un día antes de Reyes. Como era de esperar, recibió felicitaciones de todos los países del mundo mundial.

-No van a caber los regalos en La Zarzuela -dijo mi doncella cuando vio la caravana de tráilers que se acercaba-. ¿Por qué no le dice a don Juan Carlos que se sume a la cabalgata de los Reyes Magos? Donde hay tres reyes caben cuatro, mi Princesa.
-Gaspar, Baltasar, Melchor y el Rey de España. ¡Qué gran idea, Maripuri!

Me acerqué al despacho de Su Majestad. Estaba dándole una lección del arte de reinar a mi Felipín.

-Disculpe, Señor. Mi doncella cree que usted quedaría bien en una carroza de Sus Majestades de Oriente tirándoles a los madrileños sus regalos de cumpleaños.
-¿Qué has bebido, nuera?
-Se lo digo en serio, Majestad. Su popularidad subiría como la espuma. No tendría que volver a la guerra de Afganistán para contentar a los juancarlistas.

Su Majestad se negó. Él con los Reyes Magos no iba a ningún sitio, y menos repartiendo regalos.

-Tus hijas, nuera, me tiraron setenta veces de cada oreja. ¿Cómo crees que quedarían mis orejas si todos los niños de Madrid hicieran lo mismo? Acabaría como Carlos de Inglaterra: con orejas de soplillo. Además -prosiguió-, esos regalos hay que venderlos en eBay. Ando mal de dinero, nuera.
-Pídale dinero a Zapatero -le sugerí.
-José Luis también anda escaso de euros. Fue a la guerra de El Líbano para no tener que regalarles nada a las niñas ni a Sonsoles. La familia es muy cara para los hombres que vivimos del Estado.

¡Y tan cara! Sus Majestades los Reyes de España le regalaron a mis niñas muñecas de todo a cien. Menos mal que se acercaron los Reyes de Oriente con dos toneladas de caramelos.

Wednesday, January 02, 2008

Uvas en familia



Me costó sudores impedirle a mi Felipín ir a la guerra. Quería ir a comer las uvas a Afganistán con los soldados.

-Déjelo, mi Princesa -decía Maripuri. Los maridos no se pueden atar.

¿Qué no? ¡Vaya si lo até! Cerré la puerta de nuestro dormitorio con llave y allí lo dejé hasta que marchó Su Majestad.

-¿Por qué no fue Felipe a felicitarle las fiestas a nuestras tropas? -me preguntó doña Sofía.
-No se lo permití, Majestad. Me niego a ser viuda.
-A mí no me importaría enviudar. Tengo muchos nietos para hacerme compañía.

Le pedía a Maripuri que mirara en el tarot si doña Sofía iba a quedar viuda próximamente. En las cartas no salía ninguna viuda en La Zarzuela en un plazo de diez años.

-Pero veo mucha guerra en Afganistán, mi Princesa. El campo de batalla unirá a los afganos con los paquistaníes.

Maripuri siempre ve guerras. Gracias a Dios nunca aprendí a tirar las cartas. Debe causar mucha depresión ver una contienda bélica y no poder hacer nada para detener los misiles que cruzan los cielos azules dejando un río de sangre inocente.

-No voy a brindar -dijo Su Majestad nada más apearse del helicóptero que lo trajo a casa-. Nuestras valientes tropas están jugándose la vida en Afganistán.
-Yo haré el brindis, Juanito -decidió doña Sofía-. ¿Dónde está mi hijo?

Ya me había olvidado de que había encerrado a mi Felipín para que no fuera a la guerra.

-Felipe, despierta. Tu madre va a brindar por ti, cariño.

Mi Felipín despertó preguntando si era rey.

-No, Felipe. De momento sigues siendo Príncipe y yo soy tu guapa Princesa. Su Majestad acaba de regresar de la guerra sin un rasguño que lo incapacite para ejercer sus funciones de Rey de España.

Una vez que estuvimos toda la Familia Real reunida frente al televisor y comimos las uvas orientándonos por el reloj de la Puerta del Sol, doña Sofía levantó su copa y dijo:

-Brindo por nuestra familia cristiana.
-¡Viva España! -grité.
-Hay que decir viva la familia, Letizia -me reprendió doña Sofía.
-Yo no puedo darle vivas a la familia, mamá -se quejó mi cuñada Elena-. Me he divorciado de Jaime.
-Yo tampoco le daré vivas a la familia -dijo Cristina-. Los hijos son un sufrimiento.
-¡Viva Papá Noel! -gritó mi niña Leonor con su vocecita de niña mimada.

Todos gritamos ¡viva!, hasta su hermana Sofía. Papá Noel fue muy generoso con nosotros. A mí me trajo unas esmeraldas que quitan el hipo y para mis niñas vino cargado de muñecas de todos los colores.

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